A juzgar por el título de esta noticia muchos habreis pensado en un video de una pareja montándoselo en el museo vienés Secesión ante la atónita y curiosa mirada del público pero no, y no porque no haya sexo en el museo, que lo hay, sino porque no hay ningún video. Fundamentalmene porque la presencia de camaras y móviles está completamente prohibida en esta exposición-espectáculo llamada SwingerClub del artista austriaco Christoph Büchel. Digo exposición-espectáculo porque SwingerClub es una réplica del club Element6 construida en los sotanos de Secesión en la que por el día se puede acudir a una exposición sobre la cultura del sexo y a partir de las nueve de la noche se puede asistir, participando activamente si así se desea, a sesiones de intercambio de parejas, sexo en grupo o sadomasoquismo como si de un club de prostitución se tratara. A pesar de que la instalación de Christoph Büchel está el museo que fue cuna del rupturista movimiento modernista austríaco de Gustav Klimt y Joseph Maria Olbrich, en cuya puerta de entrada se puede leer una inscripción que reza A cada tiempo su arte, y a cada arte su libertad, la polémica no ha tardado en salpicar al evento. Fundamentalmente porque de los 90.000 euros que ha costado recreación del club la mayor parte proviene de los contribuyentes austriacos con lo cual no a todo el mundo le parece bien que con sus impuestos se este subvencionando un prostíbulo. Aunque hay que decir que son los políticos y no los ciudadanos de a pie austríacos los que han levantado la voz contra el arte de Christoph Büchel. Algo similar le ocurrió a Gustav Klimt cuando en 1902 realizó el Friso de Beethoven y la obra fue considerada pornográfica por mostrar a tres feminas desnudas. A día de hoy los cuadros del pintor austriaco son de los más cotizados del mundo. El retrato de Adele Bloch-Bauer se vendió en 2006 por la friolera de 135 millones de dolares y a nadie le pareció obsceno pagar esa cantidad por una obra de arte. .
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